Yo había asumido, como todo el mundo, que la adicción a las drogas está causada por los químicos que se encuentran en ellas. Parece algo de sentido común. Pensamos que si tú o yo o cualquiera de las siguientes 20 personas con las que te vas a cruzar tomasen heroína durante 20 días, el día 21 todos serían drogadictos. Eso se debería a que hay determinados anzuelos químicos en la heroína que hacen que nuestros cuerpos la echen de menos. La necesitaríamos físicamente. Eso es la adicción, y eso es lo que pensaba que era.

Lo primero que me alertó sobre el hecho de que había algo mal en esa historia fue cuando los expertos me explicaron que, si me atropellase un coche y me rompiese la cadera, me llevarían al hospital y me darían diamorfina. La diamorfina es heroína. Es mucho más fuerte que lo que los adictos compran en la calle, porque no ha sido contaminada por los traficantes. Cualquiera que haya pasado por una operación de cadera habrá tomado un montón de heroína.

Si lo que pensamos sobre la adicción es correcto, ¿qué pasaría? Que esa gente, al menos algunos de ellos, se harían adictos. Esto ha sido estudiado y no ocurre. Cuando lo descubrí me quedé perplejo. El doctor Brucé Alexander en Vancouver. Explica que la teoría de la adicción que damos por buena proviene de una serie de experimentos que se realizaron a comienzos del siglo XX. Eran muy simples. Coges una rata, la pones en una jaula y le das dos recipientes de agua. Uno tiene agua. El otro es agua con heroína o cocaína. Si lo haces, la rata probablemente preferirá el agua con droga y casi siempre se matará rápidamente de sobredosis. Esa es nuestra teoría de la adicción.

En los 70 el profesor Alexander revisó esos experimentos y se dio cuenta de que la rata no tenía otra cosa que hacer aparte de drogarse. Así que construyó una jaula diferente, a la que llamó Rat Park. Era el cielo de las ratas. Tenían buena comida, bolas de colores, muchos amigos y podían tener sexo todo el rato. Aparte, estaban los dos recipientes de agua. Esto es lo fascinante. En Rat Park no les gustaba el agua con droga. Raramente la tomaban, ninguno de forma compulsiva y ninguno sufrió una sobredosis. Hay muchos ejemplos e historias de humanos recogidas en el libro que muestran que eso también se aplica al hombre y que nos dice mucho sobre la naturaleza de la adicción. Esta no está causada sólo por las drogas. La adicción está causada por un sentimiento de aislamiento y desconexión en el adicto. No son las drogas, es tu jaula.

La adicción, en otras palabras, es la adaptación a tu miedo. Si este te desprovee de conexiones y significado, es más probable que te hagas adicto. Creo que sería ir muy lejos decir que es sólo un fenómeno del siglo 20 o 21. Ha habido períodos en el pasado donde la gente se sintió aislada y la adicción repuntó: por ejemplo, en la Inglaterra del siglo 18, cuando grandes cantidades de personas abandonaron su tierra y se vieron forzadas a vivir en horribles suburbios urbanos. Un gran porcentaje de esa gente terminó bebiendo mucha ginebra, que se veía como hoy se ve al crack o el cristal. Hay algo en la forma en que vivimos hoy que nos hace más vulnerables a la adicción que otras sociedades previas. Un escritor inglés lo llamó “la era de la soledad”, es más fácil quedarse solo que en cualquier otra sociedad humana. La forma de conexión que ofrece internet es una parodia de las relaciones humanas. Los anuncios y la cultura nos entrenan para pensar que deberíamos perseguir la felicidad comprando, gastando y consumiendo, y satisfaciendo nuestros deseos individuales en lugar de los de la comunidad o los de los demás. El gran cliché de nuestra era es “sé tu mismo”: realízate como un individuo aparte del grupo. La adicción es un síntoma de la infelicidad que este sistema innatural causa en muchas personas. El individualismo puro no es natural para los seres humanos, un hombre aislado tiene tan poco sentido como una abeja aislada. Somos criaturas sociales, necesitamos una tribu.

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